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El hábito de lectura no es inculcado, pero nosotros nos lo podemos inculcar


Cuando era joven y me enseñaron a leer, me guiaba por la fonética de las letras y sílabas, no comprendía lo que me ponían a leer del silabario pero igual yo repetía las lecciones como si fuese loro. Aún así, el hecho de aprender una nueva habilidad hizo que leyera todo texto que cruzase mi camino; con el tiempo, lentamente perdí el interés a leer cualquier texto que se me atravesase.
Recuerdo que una vez la profesora en una reunión le llamó la atención a mi madre por estar en ejercicios de clase distraído leyendo porque aunque había que leer, había que hacerlo solamente cuando ellos quisieran. Aunque tenía razón la profesora que no debía estar haciendo otra cosa que no fuese lo relacionado a la lección; me quedó el mal sabor de boca.
Mi divorcio definitivo con la lectura fue en bachillerato cuando me ponían a leer libros extensos como La Odisea en un período de tiempo corto y me presionaban con exámenes como control de lectura pero nunca me despertaron el interés a leer, porque soy curioso, lo sé: si veo una noticia con un título llamativo y amarillista tengo un impulso por leer la nota; no porque me interese el contenido, si no por la naturaleza morbosa de mi curiosidad humana.
Esto mismo me hace reflexionar que, si es el interés el que se ha perdido por la lectura porque no se nos inculcó, ¿Por qué no somos nosotros los que nos cultivamos el hábito de la lectura? 
El problema es que vamos por la vida con prisa. Leer es imaginar y parar un momento solo para pensar, a casi nadie le gusta pausar un momento de su rutinaria vida para darse un respiro: para apreciar el color del cielo,  leer más de dos páginas, meditar un poco, porque no tenemos paciencia y llevamos un nivel de vida bien apresurado, no hay tiempo para imaginar lo que cuenta un libro, lo que importa es salir a tiempo con nuestros deberes diarios, y no podemos permitirnos eso.

Lo que nos hace falta es un poco de paciencia, la rutina es subyugadora, pero me he percatado que funciona el dividir tareas grandes en partes más pequeñas y por ende, más digeribles. Es buena idea el empezar leyendo un libro que nos dé curiosidad, independientemente de su volumen; el leer un par de minutos al día es una buena estrategia para cultivar la lectura. No porque no se nos haya inculcado el interés a la lectura, no significa que nosotros no podamos acostumbrarnos a leer por nuestra cuenta.

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